domingo, mayo 13, 2007

Reflex culinarias (dedicado al astrónomo infinito)

Instantes predilectos
¿Astronomía? oye pero que interesante suena eso ¿De qué podrías trabajar, eso a de ser muy difícil no?Es la clásica pregunta cuando uno sale de prepa, sale a flote entre los adultos cuando no tienen nada que platicarle a un adolescente : ¿Qué vas a estudiar? Por más que me esforzara a pronunciar una robusta G los oídos era necios para escuchar a esa huerfana G.

No, no lo que quiero estudiar es gastronomía. ¿Por qué no estudiar y tomarme en serio lo que a mi me gustaba, lejos de las matemáticas y física de quienes tanto huía... las estrellas como un caramelo visual, pero nunca como un objeto al cual se le va la magia diluyendola con ecuaciones y numeros brincando de un lado a otro, de la página a la calculadora.

Y es que no hay experiencia mas cercana de estar a centímetros del sol que estar parado ocho horas en una parrilla danzando con las manos entre estofados y potajes, parece que el tiempo, se detiene o se va corriendo tras el bouquet que las generosas hierbas y aceites van dejando a su paso, el mejor sauna restaurador y vigorizante que convierte al hombre en seres de fuego eternos.

El infinito perfecto que aún sin fórmulas ni estudios previos el arte de comer no tiene fín. Es de asombro, habitala incertidumbre en donde el cocinero está a los pies de la caprichosa naturaleza. ¿Que pasaría si un día nos negara la cebolla, o si no existiese nunca? aquí no hay imposibles, no se permite un "no hay" por eso es interminable. No es por jugar a Dios, basta con su licencia de poder de inventiva para que ese infinito siga circulando ...

jueves, mayo 10, 2007

Dalia (trabajo para mi clase de lite)


rakis flower
Originally uploaded by cookie rachel.
PASTICHE
five seconds to hold you
then you'll slowly vanish from my arms
please don't speak or break this spell
you know it doesn't matter
Devics

*Solo Dalia*

Sus golpes en la máquina de escribir eran perfectos, se permitía entre párrafos sorber algunos tragos de café como felicitación así misma por la precisión de su trabajo. Su labor no tenía nada de extraordinario, se levantaba a las seis de la mañana, traje sastre con falda abajo de la rodilla, un chongo, un poco de lavanda en sus muñecas y cabello rojizo, no usaba aretes ni maquillaje, solo unos lentes que ocultaban sus ojos azules, una tostada con yogurt orgánico para después ir tras el autobús de las siete, llegar a su trabajo y empezar el dictado de su jefe, el cual en el transcurso de esto evitaba cruzar las piernas o permitir que él la viera a ella directamente a los ojos y labios.

Era jueves, y como los demás días de la semana no tenía nada que hacer. Su agenda estaba en blanco. Después de ir a trabajar el vacío del tiempo la perseguiría. Se dirigió caminando hacia su casa, un departamento en la calle de Londres cerca del metro Sevilla. Le gustaba ese tipo de actividades solitarias en las que dejaba correr su imaginación. Eran las siete de la noche, momento para detenerse en el supermercado a comprar la comida de los próximos cuatro días: leche de soya, un poco de fruta, verduras y pan de centeno, omitía tanto la carne como el huevo desde que decidió vivir sola, su madre no le permitía bajo su techo el despreciar la carne que cocinaba, eso y saludar a la gente de beso y abrazo, pero ahora podía dejar de hacerle caso.

Llegando a su pequeño departamento notó que no había luces prendidas, solo se veía la luz de su veladora en la cocina, nadie la esperaba. Dejó la bolsa de mandado en la mesa y se quitó los zapatos, soltó su cabello masajeando su cien, se quitó la ropa prohibiéndose mirar la lozanía de su cuerpo, se bañaba a oscuras y tocando lo menos posible su cuerpo, esta sensación le provocaba una especie de vértigo. De hecho la palabra senos y vagina no le eran familiares en su vocabulario, se rehusaba a usarlas, no quería que nadie la viera, ni siquiera un ginecólogo, su ultima visita al médico había sido a su pediatra de la infancia para que reparara su gripa.

La casa de Dalia estaba inundada de jazmín, se preparaba para hacer la cena. Cautelosamente mezclaba un poco de harina con huevos, azúcar y hierbas que su madre le había dado en su última visita. Le agradaba la idea de ensuciarse las manos pasando de inadvertida, sentir esa suavidad en sus manos. En realidad no lo estaba haciendo para ella. Esto ya le había ocurrido varias veces, mientras esperaba a que su panqué estuviese listo colocó dos platos, dos servilletas, y dos vasos con leche y abrió la ventana.

Nunca llegaba nadie, pero esta noche fue diferente. Dalia estaba recostada en su cama con el pelo suelto y una mano en su frente con los ojos cerrados disfrutando el olor a mantequilla con el que jugaba el viento que entraba por su ventana. Sintió que algo le tocaba los pies y los besaba, ella solo se confinó a moverlos de manera circular y discreta. Esas sensaciones extranjeras no dejaron de estar ahí junto a ella.

Un vaho llegó hasta sus manos, a su nuca para terminar en su fino cuello, ella tenía los ojos y manos cerradas. No tenía miedo, su mente estaba en blanco, con un breve susurro se atrevió a preguntar quien era, para lo cual una voz le dijo “soy lo que tu quieras que sea”. Un frío estremeció todo su cuerpo, nadie la había tocado anteriormente, los abrazos y besos le daban cierta repugnancia,esta vez entró en conflicto. Cipriano la despojó lentamente de sus ropas en contratiempos. Algo le evitaba renunciar, soltó sus manos y piernas, imitando al oleaje del mar profundo, ahora el temor de Dalia era que eso acabase, ella meneaba sus manos en el aire arriba y abajo en círculos irregulares.- Eres un ser maravilloso Cipriano,¿regresarás? Si, solo espera una luna como esta y saldré de nuevo.

Para cuando Dalia llegó a la mesa el pan se había consumido, tenía la sensación de comer carne, así que compró lo necesario para hacer un buen filete de carne lo cual pensó acompañar con un Merlot. Descalza empezó a desmenuzar la carne con sus manos, ahora entendía el placer de la acidez en su boca que causaba el tinto, se soltó el cabello y siguió jugando con su comida.

Esa tarde decidió que no iría a trabajar, que se dedicaría a ella. Puso la tina y se introdujo en ella por horas, jugaba con sus pies y sus manos haciendo simulacros de la noche anterior, salió de la tina y buscaba ese espejo que alguna vez escondió por medio a no gustarse, solo encontró pedazos de este, pero eran insuficientes para ver todo su cuerpo. Decidió ir a la calle, de falda y con el cabello a la cintura, no paraba de sonreír.

Se introdujo a un callejón, sentía una mirada fija en sus piernas lo cual por primera vez en su vida le halagaba.- Señorita, déme todo lo que traiga, no grite a la lastimaré. Ella por alguna extraña razón estaba emocionada, se le ocurrió tomar la entrepierna.-Lo único que poseo es mi cuerpo. Trató de besarlo, el ladrón sorprendido tenía curiosidad de como una mujer tan hermosa le proponía tales cosas. Cuando entró en si el ladrón suelo ya tenía el pantalón abajo. -¿Qué no te parece que soy bonita?.Y en ese callejón el ladrón por primera vez en su vida tomó lo ajeno con toda la licencia posible.

En la madrugada salió ella de ahí sin despertar al pillo, regresó a su casa a seguir comiendo de esa suculenta carne, era tanta su ansia que saciaba su sed directamente de la botella sin importarle si este salía de las comisuras de sus labios. En la tarde decidió visitar las calles de los alrededores, eran las seis y media, se paró a platicar con dos mujeres que aguardaban en una esquina, y se quedó con ellas, su sueldo era tan mísero que lo que ellas decían era convincente.

Un Cadillac negro la invitó a subir. Ella propuso su trabajo en el auto mientras circulaban por la ciudad, la polaricidad de los vidrios los guardaría en el anonimato, y así dieron vueltas por la ciudad. Reforma, Insurgentes, Chapultepec. No pudo cobrar, sintió que ella lo había disfrutado mucho mas que el muchacho, le dio las gracias y bajo a una cuadra de casa.

La vida no podría estar mejor, tomar Merlot y disfrutar esos taninos que bailan en su boca en compañía de un pedazo de jugosa carne roja había ya desplazado la leche de soya y el panqué hecho en casa. Compró un espejo grande y un calendario para esperar esas lunas anunciadas por Cipriano, mientras él llegaba ella se propuso mejorar sus movimientos con otros hombres, así cuando Cipriano llegase lo convencería que se quedase con ella para siempre.

Tenía tres días de no ir a trabajar, no tenía más vino y mucho menos carne, llegó a la oficina en un tono provocativo.- Señor, he pensando en ya no venir mas a trabajar aquí, es un tacaño, mi trabajo aquí es perfecto, merezco un sueldo mejor, y una actividad menos aburrida. Delia empezaba a reír y a levantarse la falda.-¿No le parece que soy una mujer bella?. El hombre palidecía y se sonrojaba, estaba atrapado por una femme fatal , lo tomó por la corbata.-Usted no es nadie sin mí. Ella puso las manos de él entre sus piernas y el accedió a faltarle ese día al respeto.

Era de noche cuando ella salió de su trabajo, ahora iría por un Cavernet Sauvignon, jamón de bellota y un roast beef. Un baño de tina con romero sería el inicio de la espera No recordaba a detalle sus encuentros con su jefe, o el junior del Cadillac y mucho menos del hombre del callejón, o mas bien no quería acordarse, solo insistía en la sensación cálida de Cipriano, que al quererlo tocar en recuerdos huía junto con el aire, pero que no tardaría en regresar

¡Ideas del Tostador!

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